Paro de teclear de repente y me fijo en el reloj que hay en el ordenador: las once en punto de la mañana. Como casi todos los días y posiblemente mañana, guardo el archivo y me voy a desayunar algo que me mantenga viva durante el resto del día, sin duda, un café.
Ha pasado un minuto y todos ya están en la sala de cafés, al igual que yo. Me cruzo con los de siempre, de los cuales no me hablo con ninguno. Finalmente, intercambio una mirada punzante con el último, Eliott.
Eliott, el hombre del que estuve enamorada cuando empecé a trabajar y el hombre al que actualmente más odio en este mundo. Se rió en señal de burla y pasó por mi lado, como todos, ignorándome.
Pongo un euro en la máquina y mientras me prepara el asqueroso café veo a Eliott acercarse hacia mí, tras hablar con sus compañeros y "compañeras".
- Lo de siempre, ¿eh? - Dice con una sonrisa pegada que no inspira mucha confianza.
- ¿Qué quieres? - Pregunto bordemente.
- Uis, que humos llevas hoy. Si es que eres una malhumorada... solo quería ser amable contigo.
- Ahora en serio, ¿qué quieres? - Insisto sin creerle.
- Nada importante, quería anunciarte con antelación que me han ascendido a jefe del departamento y he pensado que estaría bien que lo supieras... Estás despedida.
Todos se ríen con ganas al ver mi reacción. ¿Es una broma? No lo creo, si así fuera, a Eliott le caería una de buena si la jefa se enterara. Entonces, ¿Eliott el nuevo jefe? ¿Yo despedida? Maldigo el día en el que acepté el contrato, en el que me dijeron que mi vida cambiaría para bien con este oficio, en el que pensé que ya no tendría que preocuparme por el resto de mis días. Todo era una mentira, una grande y falsa mentira.