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¿Hola?
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¡Hola! – Oí de fondo
Estaba en un bosque, perdida. No sabía quién era ni dónde
estaba. No sabía absolutamente nada sobre mí. De repente, apareció una chica
muy guapa delante de mí que no tenía ni idea de dónde había surgido.
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Me llamo Hira, ¿eres Poralaw? – La joven bajita,
pálida y pelirroja me miraba con sus preciosos ojos verdes. Vestía un vestido
largo, blanco y voluminoso y en su espalda tenía algo muy, muy brillante. Era
guapísima.
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No lo sé, no sé nada. Eres preciosa… - Y me
quedé admirándola con la boca un poco abierta.
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Gracias, tú también… - hizo una pausa y arqueó
una ceja, dudando. - … lo serás. Creo que soy tu hada maestra, encantada, me
llamo Hira.
“¿Hada?”, me pregunté extrañada. Entonces, presté más
atención a eso blanco que brillaba en su espalda, efectivamente, eran dos alas.
Parecían muy finas y delicadas, como si estuvieran hechas con una capa de
purpurina plateada.
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¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Quién eres? –
Pregunté sin aguantarme.
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Ya te lo he dicho, me llamo Hira y soy tu hada
maestra. Me encargaré de que te conviertas en una buena hada, bueno, puedes ser
una hada mala si quieres… pero como maestra, me gustaría que fueras buena.
Estás en el bosque Fessale, en la zona de iniciación. El bosque se divide en
varias zonas, la de conversión, iniciación, creación y aprendizaje. En teoría
has nacido en la zona de creación, no sé cómo has acabado aquí, te estaba
buscando… Tú te llamas Poralaw, ¿te gusta tu nombre? Eres una hada, al igual
que yo, pero yo ya tengo mis añitos y tú acabas de nacer.
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Me gusta, no está mal. ¿Quién me lo ha puesto?
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¡Genial! Te lo he puesto yo. ¿Seguro que quieres
este nombre? Tu nombre no podrá ser cambiado nunca más. – Dijo con una sonrisa
en la cara.
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Sí, me encanta, tienes un buen gusto. – Le
devolví agradecida la sonrisa.
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Antes que nada, para ser una hada necesitas unas
alas y un cuerpo, mírate en el espejo. – Guiñó su ojo izquierdo y apareció un
gran espejo en el que me veía reflejadas.
Era una chica pálida, alta de
pelo anaranjado y con pecas en las mejillas. Estaba completamente desnuda.
Cuando me percaté de eso, rápidamente me tapé con las manos las partes íntimas.
Hira se rió de mí.
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No te preocupes por estar desnuda. Deberías
preocuparte si sales del bosque Fessale, dentro de él, como nacen muchas hadas,
es normal verlas desnudas. Entiendo cómo te sientes ahora mismo, así que
vayamos a la zona de creación y modifiquemos tu cuerpo.
Me miré de nuevo al espejo. No me
gustaba. Mi cara era extraña, no era tan perfecta como la de Hira, por eso, la
seguí sin quejas. Hira hizo desaparecer el espejo mientras me estaba mirando y
voló hasta mi espalda. Con sus dos dedos índices me dibujó unas alas e hizo aparecer otro espejo que permitía ver
mi espalda sin mover ni un dedo. Las alas parecían de mariposa, muy típicas,
las tradicionales de un cuento para niños.
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No me gustan… - Dije con temor a que rechazara
mis pensamientos.
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Tranquila Poralaw, son solo provisionales. Es
para que no vayas andando hasta la zona de creación. Pruébalas.
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¿Cómo? – Me sentía inútil en ese mismo instante.
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Así. – No sé cómo lo hizo pero en un segundo ya
estaba encima de mí.
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Eh… ¿cómo? – Pregunté sintiéndome aun más
inútil.
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Presta atención. Tienes que dar un salto y en el
momento que estás en el aire, que es muy poco tiempo, avanzas un pie como si
fueras a subir una escalera. Pruebalo.
Tenía miedo de caerme pero no
quería ir andando hacia tal lugar. Di un salto tal y como dijo y acto seguido
el extraño paso. Creía que me iba a caer pero mis pensamientos estaban
equivocados, en menos de un segundo ya estaba flotando pero a tan solo a un metro
del suelo.