El cuerpo de tez blanca
como el papel se balanceaba en el pino, arrastrándose por el viento. Su cabello
negro y despeinado, por suerte, le cubría el rostro. Aun así, podía imaginar la
cuerda que le rodeaba el cuello, de la cual colgaba todo su peso. Para que las
partes íntimas del cadáver no pudieran ser vistas por el resto de los
habitantes, le habían puesto una simple tela blanca – como signo de pureza -
que le hacía de vestido y que le llegaba
hasta los pies. Las nubes grises invadían el cielo y parecía que el cielo
hubiese cambiado de color para siempre. Ningún pájaro tenía ganas de salir de
su hogar a causa de los tiroteos del día anterior.
Estaba en clase, sentada,
atendiendo a la profesora. Éramos pocos, unos cuatro contados, todos los demás
habían desaparecido y yo era la única niña de entre ellos. Con esa corta edad
no llegué a pensar que estarían muertos. En una de las primeras filas, seguía
escuchándola aunque más bien observándola. Le temblaban las manos y sus ojos
brillaban resaltando las lágrimas que estaba escondiendo. Se paseaba por el
estrecho pasillo de mesas explicando la teoría cuando, al girarse para volver
hacia su mesa, visualizó a través de la ventana ese cadáver. Parte de la pared
era de cristal así que era inevitable no verlo: un bosque de pinos y en uno de
él colgaba el cuerpo, moviéndose a causa del viento. Explotó a llorar, gimiendo
y dejándose caer en el suelo, se tapaba la cara con las manos para que los
alumnos no la viéramos. No sabíamos qué hacer, algunos se pusieron a llorar
también, otros se quedaron en estado de shock.
Tras aproximadamente unos seis minutos, aun llorando, se levantó del suelo y se
acercó hacia la ventana. Continuó explicando mientras pasaba la cortina con una
mano y con la otra se secaba las lágrimas.
En ese justo momento
alguien le dio una fuerte patada a la puerta. La profesora se quedó helada y
todos los giramos para visualizar qué pasaba. Tres hombres grandes y robustos
nos estudiaban con la mirada con un arma en la mano. Todos llevaban el mismo equipamiento,
un casco negro que les cubría casi toda la cara, un arma, un escudo con un
símbolo extraño y un traje completamente negro con unas resistentes botas.
CONTINUARÁ.